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Alcira

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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Calle de Pajaros






Calle de Pájaros


Un arpegio de trinos cubre el silencio; en ronda girando danzan los pájaros hasta perderse en la infinita cinta ámbar entre el cielo y la calle. La calle, la calle de otros, la calle de nadie. Es cuando el alma se eleva en un suspiro, el mundo rueda trasgiversando los colores. Un manto gris flota en el naufragio del olvido, iniciando el viaje a traves de la memoria, buscando señales de remotos caminos, aterrizando en tiernas campiñas de ausencia, evocando el aire con perfumes lejanos o internándose en las calles viejas y nuevas, las calles mías, las calles del recuerdo.
La nostalgia ha pintado farolitos de luces recopilando la senda del tiempo, engarzando los años como cuentas de una colección extraña, que se alinean unas tras otra desde la infancia, desde esa calle mía tapizada de gramilla y alfalfa, que guardada en el seno de mis sombras duerme, velando celosa mis primeros pasos, calles de rondas y escondidas, de alegrías y de llanto.
El ave blanca del regocijo me interna en los arrabales con perfume a tierra y verdores, de mariposas y manzanares. Es tan liviano el recorrido que siento elevar majestuoso el canto de los niños que otrora fuimos, danzando en nubes de espuma, con surcos de fresco sembradío, ventana de remembranzas que nunca acaba, con vestigios de luz, de luna y sonidos, éxtasis de sangre de atardeceres convirtiendo el mundo en un calidoscopio de cándidos recuerdos míos.
Al fértil itinerario de la calle del amor la paloma de la tarde me ha traído donde fui nube, fui cielo, un fragante jardín florecido, situándome en el tiempo del primer amor, la calle fuimos, donde brillaron margaritas en el nido de sus manos, jazmines blancos virginales en las mías, miradas inocentes cargadas de emociones, mensajeras de un sentimiento recién nacido y nuestros nombres tallados en la corteza áspera de un frondoso árbol, en el centro un corazón tan suyo como mío; platónico amor, pinceladas de tiempos idos, de lo que no fue y quedo en el olvido esculpiendo un suave diseño en la piedra sutil de las remembranzas. Hoy los años labraron surcos en su rostro y rociaron polvos de plata en mi pelo cuando los días pusieron alas dejando gravados nuestros nombres en el cántaro cristalino de la infancia.
Gris calandria peregrina de sinsabores, he llegado a tu calle, tu negra calle donde sucumbió la esperanza, remolinos de luces y de sombras, donde el cielo me ofrendo dos perlas nacaradas surgidas de las cenizas de mi alma destrozada, calle errabunda de controversias, de nuevas vidas, solo mías, amadas, de muerte e historias truncadas, donde hilvane puntadas en la dura calle de la vida, con la aguja de la ignorancia enhebrando estrellas hasta vislumbrar el camino donde encontrar la semilla de la vida que germino en mi alma.
Calle de barro y horneros haciendo nidos, casas iguales donde llegue con mi carga de inclemencias y mis sueños trenzados en guirnaldas, con un amor nuevo, el cerco prieto de de mis brazos protegiendo mis flores tiernas y mi vientre gestando un diamante. Calles nuevas con árboles recién plantados, con espejos de cielos azules y esa vida latiendo en mis entrañas, vorágine de miedo e ilusiones azotando en la distancia.
Esmeralda de variados matices son las calles de mi vida, donde los caminos se pierden y las historias se escriben, con trazos de oro y plata, ensueños y fantasías, con manchas de tinta negra y fugaces momentos etéreos.
Alondra sutil del sueño que me ubicas en mi calle, mi calle de horas nuevas y fragmentos dolientes, renaciendo a la vida aunque el tiempo se acabe. Calle mía que pueblan de risas los retoños frescos de mi sangre, donde vi florecer el amor de mis perlas y despertar el corazón del diamante. Calle mia y de otros donde descansa maduro el despertar del alma, donde la placidez del amor construyo su nido, y cosecho lo mucho y lo poco que he sembrado. En el laberinto de la vida alguna semilla se ha dispersado y hoy deje volar el pájaro que habita agazapado en las raíces del espíritu, por las calles del tiempo recorriendo senderos de nostalgia en una ronda de pájaros danzantes que ya se alejan en la distancia.
Alcira, junio de 2.000

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